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Mocos en bebés y niños pequeños y qué ayuda realmente a que respiren mejor.

Mocos en bebés y niños pequeños y qué ayuda realmente a que respiren mejor.
Los mocos acompañan a muchas familias durante el invierno. En este artículo repasamos qué dicen los pediatras sobre su origen, qué mitos siguen circulando y qué medidas sencillas pueden ayudar a que los bebés y niños pequeños respiren mejor.

Mocos en bebés y niños pequeños y qué ayuda realmente a que respiren mejor.

Si tienes un bebé o un niño pequeño, probablemente hay una época del año en la que parece que los mocos no se van nunca. Empieza el otoño, llega el invierno y de repente la nariz congestionada se vuelve parte del día a día.

Muchos padres sienten que están probando de todo para ayudar a su peque a respirar mejor. El problema es que también circulan muchísimos consejos que no siempre son correctos.

Algunos no ayudan.
Otros incluso pueden empeorar la congestión.

Por eso es útil entender qué dicen realmente los pediatras sobre los mocos y qué medidas sencillas sí pueden mejorar el bienestar del niño.


Por qué los bebés y los niños pequeños tienen tantos mocos.

La mayoría de las veces los mocos aparecen por infecciones respiratorias causadas por virus. Son parte del mecanismo de defensa del organismo.

El moco ayuda a atrapar virus y partículas para que el cuerpo pueda eliminarlos.

Durante los primeros años de vida el sistema inmunitario todavía está madurando, por lo que es normal que los niños tengan muchos catarros al año. En bebés y niños pequeños puede haber entre seis y ocho infecciones respiratorias anuales sin que eso signifique que exista un problema de salud.

Los mocos, aunque molestos, forman parte de ese proceso de aprendizaje del sistema inmunitario.


Algunos mitos sobre los mocos que siguen circulando.

Existen varias creencias muy extendidas que conviene aclarar.

Uno de los mitos más repetidos es que los mocos aparecen porque el niño “ha cogido frío”. En realidad, el frío por sí solo no provoca mocos. Lo que ocurre es que en invierno circulan más virus respiratorios y pasamos más tiempo en espacios cerrados.

También es frecuente escuchar que los lácteos producen más mucosidad. Los estudios científicos no han demostrado que el consumo de leche aumente la producción de moco nasal.

Otra idea muy extendida es que los mocos “bajan al pecho”. En realidad, las infecciones respiratorias afectan a distintas partes del sistema respiratorio dependiendo del virus y de la respuesta del organismo. No se trata de que los mocos desciendan como si fueran una cascada.

Y quizá uno de los mitos más importantes es pensar que los mocos necesitan siempre medicación. En la mayoría de los casos no existe ningún medicamento que los elimine o acelere su curación.


Algunas prácticas que los pediatras no recomiendan.

Cuando un bebé está congestionado es normal querer hacer algo para ayudarle, pero hay intervenciones que pueden resultar innecesarias o incluso contraproducentes.

Los jarabes mucolíticos, descongestivos o expectorantes no se recomiendan en menores de seis años. Diferentes organismos sanitarios han señalado que su eficacia es muy limitada y pueden producir efectos adversos.

Los lavados nasales también deben hacerse con cuidado. Realizarlos con el bebé completamente tumbado boca arriba, con mucha presión o con demasiado volumen puede provocar molestias, atragantamiento o favorecer que el líquido pase hacia el oído.

El aspirador nasal puede ser útil en momentos puntuales, especialmente cuando el bebé está muy congestionado y todavía no sabe sonarse. Lo importante es no utilizarlo de forma constante, ya que la succión repetida puede irritar la mucosa nasal y generar más congestión.

Cuando se utiliza, suele recomendarse hacerlo después de un lavado con suero fisiológico y siempre de forma suave.

También conviene tener precaución con algunos productos mentolados o con el uso indiscriminado de humidificadores. Si estos dispositivos no se limpian adecuadamente pueden favorecer la proliferación de moho o ácaros que empeoran los síntomas respiratorios.


Qué medidas sí pueden ayudar cuando hay mocos.

Aunque no exista una “cura rápida”, hay algunas medidas sencillas que sí pueden mejorar la respiración del bebé o del niño.

Los lavados nasales con suero fisiológico o agua de mar son una de las estrategias más útiles. Ayudan a arrastrar el moco, hidratar la mucosa y facilitar la respiración.

Mantener una buena hidratación también es importante. Beber líquidos hace que el moco sea más fluido y más fácil de eliminar.

En algunos casos los pediatras pueden recomendar nebulizaciones con suero fisiológico mediante dispositivos de malla vibratoria. Este tipo de sistemas atomiza el líquido en partículas muy pequeñas que hidratan las vías respiratorias.

Durante el descanso también puede ayudar elevar ligeramente el colchón por la zona de la cabeza. Esto facilita el drenaje del moco y puede mejorar el descanso nocturno. Es importante hacerlo colocando algo bajo el colchón, nunca introduciendo almohadas dentro de la cuna.

Cuando la congestión está relacionada con alergias respiratorias, el pediatra puede valorar el uso de antihistamínicos o tratamientos nasales específicos.


Cuándo conviene consultar con el pediatra.

En la mayoría de los casos los mocos desaparecen por sí solos en unos días. Sin embargo, conviene consultar si aparecen otros síntomas como fiebre persistente, dificultad para respirar, decaimiento importante o si el bebé tiene menos de tres meses.

En estos casos es útil poder controlar la temperatura del bebé en casa para saber cuándo puede ser necesario consultar con un profesional.


Paciencia y cuidado suelen ser las mejores herramientas.

Los mocos forman parte del desarrollo del sistema inmunitario en la infancia. Aunque resulten agotadores para las familias, la mayoría de los catarros se resuelven solos con el paso de los días.

Lo más útil suele ser mantener la nariz limpia con suavidad, asegurar una buena hidratación y ofrecer descanso y cuidado.

Con el tiempo, a medida que el sistema inmunitario madura, los episodios de mocos suelen hacerse menos frecuentes.

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