Esa frase que te dijeron (y que hizo que dudaras de todo): Desmontando mitos de la crianza.
Bienvenida al club. Al club de las madres a las que un día, sin pedirlo, alguien les dijo una frase que se les clavó en la mente y les hizo dudar de todo. No lo cojas tanto, Déjalo llorar un poco, Con mi hijo yo lo hacía así y tan bien que está.
El posparto y la crianza temprana son un campo minado de opiniones no solicitadas. Y aunque la mayoría vienen cargadas de buena intención, muchas se basan en mitos y prácticas anticuadas que hoy sabemos que no solo no ayudan, sino que pueden ser perjudiciales.
Este artículo es un abrazo. Un recordatorio de que tu instinto, ese que te susurra por dentro, casi siempre tiene razón. Vamos a desmontar algunas de esas verdades que tanto nos duelen escuchar, para que la próxima vez que te las digan, puedas sonreír y confiar en ti.
Mitos sobre la alimentación: Mi bebé no engorda lo suficiente.
La obsesión con el peso y la comida del bebé es, quizás, la fuente número uno de ansiedad para los padres.
- El mito de las vitaminas y los cereales mágicos: Dale esta vitamina para que le dé hambre o Ponle un cacito de cereales en el biberón para que engorde y duerma del tirón: Ninguna vitamina abre el apetito por arte de magia. Y un biberón de cereales procesados no es sinónimo de un bebé bien nutrido; de hecho, por su alto contenido en azúcares, puede ser todo lo contrario. La mejor nutrición es la comida real, adaptada a su etapa.
- El mito del fin de la lactancia: Pero, ¿todavía le das pecho? Ya es muy mayor. No existe un límite de edad para la lactancia materna. La OMS la recomienda como mínimo hasta los 2 años, pero la decisión final es solo tuya y de tu bebé, de nadie más.
Esos remedios de toda la vida que es mejor olvidar.
Hay costumbres que han pasado de generación en generación y que, aunque nos parezcan inofensivas, la ciencia ha demostrado que no tienen base o pueden ser peligrosas.
- El hilo rojo para el hipo o la moneda en el ombligo: El hipo es un espasmo inmaduro del diafragma que se va solo. Y una hernia umbilical no se cura con un botón o una faja; la mayoría se resuelven solas con el tiempo.
- El anís estrellado para los cólicos: Esto es realmente peligroso. Las infusiones como el anís estrellado pueden causar intoxicaciones graves en un bebé. Ante los cólicos, lo mejor es el porteo, los masajes y muchísima paciencia.
- El jarabe para la tos: Los pediatras desaconsejan el uso de mucolíticos y antitusivos en niños menores de 5 o 6 años. Un niño pequeño no sabe expectorar la mucosidad que estos jarabes fluidifican, lo que puede ser contraproducente.
Las tres frases que más nos duelen (y que son falsas).
Y llegamos al top 3. Esas frases que, de tan repetidas, casi nos las creemos. Son las que más daño hacen a nuestra confianza y al vínculo con nuestro bebé.
- No lo cargues tanto, que se va a malcriar: Los bebés no se malcrían por estar en brazos. Los brazos son su refugio, su hogar. El contacto físico les da seguridad, regula su sistema nervioso y crea un apego seguro que es la base de su futura independencia. Un bebé no pide brazos por capricho, los pide por necesidad. Y para ayudarles a gestionar esa necesidad de confort cuando no podemos estar ahí, un doudou o peluche de apego puede convertirse en su primer gran amigo, dándoles una sensación de seguridad y calma que les acompaña siempre.
- Déjalo llorar para que desarrolle los pulmones: Esta es, quizás, la más cruel. Llorar no fortalece los pulmones. El llanto es la única forma que tiene un bebé de comunicar una necesidad: hambre, frío, dolor, miedo o soledad. Dejarle llorar sin consuelo solo le enseña que sus necesidades no son atendidas y le genera un enorme estrés.
- Sácalo al sol para que se le quite lo amarillo: La ictericia (el color amarillo) es una condición médica causada por la bilirrubina que debe ser siempre valorada y seguida por un pediatra. Aunque en casos leves la luz solar indirecta puede ayudar, nunca se debe exponer a un recién nacido al sol directo y no sustituye, en ningún caso, el criterio médico.
Confía en Ti, Mamá (de Día y de Noche).
La próxima vez que alguien te dé un consejo no solicitado que te haga dudar, recuerda esto: nadie conoce a tu bebé como tú. La necesidad de contacto y seguridad de tu peque no desaparece cuando se hace de noche. Por eso, soluciones como una cuna de colecho nos demuestran que dormir cerca de ellos no solo facilita las tomas nocturnas, sino que fortalece vuestro vínculo y les da la confianza que necesitarán para ser independientes mañana.
La maternidad no viene con un manual, pero sí con una poderosa herramienta llamada instinto. Infórmate, busca fuentes fiables y, sobre todo, confía en tu capacidad para cuidar de tu hijo. Lo estás haciendo mucho mejor de lo que crees.






